miércoles, mayo 09, 2007

Cuerpo secreto

Levanto una mano
A la altura del ombligo y con la otra
Sostengo el hilo ciego que me lleva
Hacía mí mismo. Penetro en corredores tiernos
Me estrello contra bilis nervios excrementos
Humores negros ante puertas escarlata
Caigo me levanto vuelvo a caer
Me levanto y caigo nuevamente
Ante un muro de latidos
Todo está lleno de luces el laberinto
Es una construcción de carne y hueso
Un animal amurallado bajo el cielo
En cuyo vientre duerme una muchacha
Con una flecha de oro
En el ombligo

Cuerpo transparente

Completamente azul y despeinado
El corazón y la cabeza entre las nubes
Heme sin mejilla y sin mirada
Con un rayo de luna en el bolsillo
Para vivir
Uso una máscara de carne y hueso
Un cigarrillo y luego una sonrisa
O primero una sonrisa y luego un cigarrillo
Posiblemente encendido
Visto saco y pantalón planchado
Frecuento hoteles amarillos
Nadie me espera ni me conoce ni me mira
Mi cuerpo es humo materia indiferente
Que brilla brilla brilla
Y nunca es nada.

Cuerpo enamorado

Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y ríe
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora.

miércoles, diciembre 13, 2006

Cuerpo en exilio

Tropezando con mis brazos
Mi nariz y mis orejas sigo adelante
Caminando con el páncreas y a veces
Hasta con los pies. Me sale luz de las solapas
Me duele la bragueta y el mundo entero
En una esfera de plomo que me aplasta el corazón
No tengo patria ni corbata
Vivo de espaldas a los astros
Las personas y las cosas me dan miedo
Tan sólo escucho el sonido
De un saxofón hundido entre mis huesos
Los tambores silenciosos de mi sexo
Y mi cabeza. Siempre rodeado de espuma
Siempre luchando
Con mis intestinos y mi tristeza
Mi pantalón y mi camisa.

Cuerpo mutilado

Cuento los dedos de mis manos y mies pies
Como si fueran uvas o cerezas y los sumo
A mis pesares. Multiplico lágrimas humores
Minuciosas gotas de saliva
En estalactitas tibias y plateadas
Divido uñas y quejidos agrego dientes
Sinsabores luminosos segmentos de alegría
Entre murallas de cabellos y corolas
Que sonríen y que duelen. Todo dispuesto
En cúpulas sombrías en palpitantes atados
De costillas quebradas como si fuera un ciervo
Un animal acorralado y sin caricias
En un círculo de huesos
Y latidos.

martes, diciembre 12, 2006

Cuerpo melancólico

Si el corazón se nubla el corazón
La amapola de carne que adormece
Nuestra vida el brillo del dolor arroja
El cerebro en la sombra y riñones
Hígado intestinos y hasta los mismos labios
La nariz y las orejas se oscurecen
Los pies se vuelven esclavos
De las manos y los ojos se humedecen
El cuerpo entero padece
De una antigua enfermedad violeta
Cuyo nombre es melancolía y cuyo emblema
Es una silla vacía.

Cuerpo anterior

El arco iris atraviesa a mi padre y mi madre
Mientras duermes. No están desnudos
Ni los cubre pijama ni sábana alguna
Son más bien una nube
En forma de mujer y hombre entrelazados
Quizás el primer hombre y la primera mujer
Sobre la tierra. El arco iris me sorprende
Viendo como lagartijas entre los intersticios
De sus huesos y mis huesos viendo crecer
Un algodón celeste entre sus cejas
Ya ni se miran ni se abrazan ni se mueven
El arco iris se los lleva nuevamente
Como se lleva mi pensamiento
Mi juventud y mis anteojos.

jueves, agosto 10, 2006

Noche oscura del cuerpo

Continuamos con nuestro proyecto con Noche oscura del cuerpo, Roma, 1955. Nuestras siguientes entradas estarán dedicadas a este poemario, uno de los más importantes de Jorge Eduardo Eielson.

martes, abril 18, 2006

Poesía (escrita), crítica y feria de libro en San Marcos

19, 20 y 21 de Abril. Son las fechas del I Encuentro de poetas y editores sanmarquinos en la Facultad de Letras de la Universidad San Marcos. Las mesas de trabajo se vislumbran sólidas, las publicaciones prometen hallazgos agradables y los recitales tienen algunos nombres imprescindibles en lo que se ha empezado a llamar la "Generación del 2000". Haremos un saludable alto en nuestro proyecto de Poesía escrita para darnos una vuelta por el legendario Patio de letras de San Marcos.
La dirección con los detalles y el afiche del evento a continuación:
Blog: http://lapoesiaempiezaporcasa.blogspot.com

lunes, abril 17, 2006

Sin título de Eielson. El poemario completo

Está dado el segundo paso en este proyecto: colocar en el ciberespacio los poemas de Sin título. De este modo, todos los poemas de Reinos y Sin título ya están en este blog y procederemos a actualizar la página web de Poesía escrita con este poemario. Hasta donde tenemos conocimiento, es la primera vez que Reinos y Sin título se encuentran disponibles por completo en Internet.
En breve estaremos subiendo otro poemario de Jorge Eduardo Eielson.


Nudo y cuerda. 1968.

domingo, abril 16, 2006

Sonríe Dios en la pantalla

Del cielo. Veo su semblante
Hecho de rayas y puntos
Luminosos. Pero no estoy seguro
Si es el suyo o es el mío
Apago la televisión
Y yo también sonrío

Veo una esfera amarilla

Pero cuadrada que apenas brilla
Y ya no es nada. Veo millares
De esferas amarillas
Que no son cuadradas
Y que tampoco brillan

Después de todo lo que he visto

En la vida sigo creyendo
Que no hay nada más sencillo
Ni más bello
Que una botella de vino
Cuando llueve
Y no nos queda sino el fuego
Por amigo

Sé perfectamente que mi casa

Es una estrella
Que se llama vida
Y que esa estrella es la tierra
Y que después tendre otra casa
En otra estrella
Llamada muerte

A pesar de todo lo vivido

Y lo soñado mi única corona
Es mi pobreza
Y mi sangre púrpura y cansada
Mi único manto en la vida
Eterno príncipe de nada
Nada me vuelve más feliz
Ni más ligero
Que mi corona

Todos dicen que la realidad

Es un cubo negro. Pero tal vez
Somos nosotros que no vemos
No sabemos qué cosa es
La realidad y la confundimos
Con un cubo negro

Haga pedacitos esta hoja de papel

Y arrójelos por la ventana
Junto con sus pesares
Sus calcetines y sus uñas
Alguien los recibirá en el suelo
Como quien recibe
Una lluvia del cielo

Los hombres de negocios no respiran

No sollozan no conocen
Las magnolias. A duras penas orinan
Y defecan cuando pueden. Tampoco
Aman ninguno y ninguno
Los ama. No hay animales más veloces
Ni más cercanos a la muerte
Que estos seres vacíos
No hay cosa que no deseen
Ni que les sea negada mas a su contacto
Todo se vuelve nada
Los hombres de negocios
Son tan veloces y tan necios
Que no conocen
El ocio

El sol de Londres es como William

Que parece tan lejano
Y está siempre al alcance
De la mano. es como el Támesis
Que tranquilamente llega
Del pasado y recorre Brockwell Park
Hasta encontrar la casa
De William. Sólo para recordarle
Que en un día neblinoso
Como éste Dios creó la rosa
En Londres

Me gustan los pájaros blancos

Me gusta el azúcar la nieve
Y la sal de la vida. Me gustan
Las noches blancas y la blancura
De la luna. Me gusta la leche
Los osos polares y la espuma
Las paredes y las sábanas blancas
Me gusta el colr blanco
Y naturalmente el papel blanco
Antes de escribir en él
La palabra blanco

Todo el mundo se reproduce y perece

Encima de una cama. Yo vivo feliz
Rodeado de cucarachas y de espuma
Debajo de la cama

Hoy me despido de mi patria

Siempre salada y luminosa
Gracias a su pescado
Y a la divina espuma
De mi infancia en el océano
Cruel arena sin embargo
Que no alimenta niños ni animales
Que viven sólo de huesos
Y limosnas. Adiós extraña patria
Purgatorio del plateadas olas. Adiós
Pescado azul adiós
Arena atroz

La poesía es para Martha

Un avión amarillo
Con el que sale volando
A cada instante. Es allí que escribe
Siempre entre las nubes
Versos de carne y hueso
Para David. Pero enseguida
Sin que nadie la vea
Sube y sube todavía
Ya sin avión amarillo
Sin David
Sin lapicero
Sin nada

Respira Tàpies

Tras el muro
No hay cemento puro
Ni caja de cartón que encierre
Su mirada. No hay ventana abierta
Ni puerta cerrada
Ni firmamento que amenace
Su respiración
Sagrada

sábado, abril 15, 2006

Puede ser que Dios sea una esfera

Tan grande pero tan grande
Y a la vez tan pequeña
Que nunca podremos verla
Ni tocarla. Puede ser también
Que no exista cifra alguna
Para medirla ni palabra
Para nombrarla. Pero entonces
¿Por qué todos los días
Apenas abro los ojos
Veo una esfera amarilla
Que me llena de estupor
Y maravilla?

Amo los objetos y las personas clasras

La redondez de la esfera
Y la perfección de la escuadra
Amo los árboles verdes
Y las manzanas roja
Más sin saber por qué
Amo también la sombra
Y mi sombrío corazón tampoco lo sabe
¿Lo sabe quizás la estatua
De esa muchacha que me espera noche y día
Hundida entre mis huesos?

La paz de Octavio

Era esa luz azul
Que llevaba en la solapa
Y que le permitía ver el revés
De las cosas. Gracias a ella
Sabía que en cada criatura
Hay una mariposa
Que comienza en la oruga y se acaba
En el gusano. Dicha mariposa
Vuela ahora entre nosotros
Tiene las alas azules de Octavio
Pero es una mariposa
Que nunca se acaba

Guardo de Lima una botella

Llena de lluvia
Y un puñado de arena
En el pañuelo. A veces recuerdo
La luz de su nublado cielo
Y la acaricio
Como se acaricia una perla
En el bolsillo

En el sombrero de fieltro de Beuys

Hay un conejo asustado
Que se llama vida
Hay una flor de margarina
Dos o tres gotas de sangre humana
Y un par de zapatos viejos. Todo
Cuidadosamente cubierto
Por un paño oscuro
El resplandor de una bombilla
Para una vez más salvar la vida
De un conejo tibio
Misteriosamente nacido
En un sombrero

La gente dice que me he vuelto loca

Porque no uso corbata
Ni simbrero. O porque me enamoro
Siempre cuando llueve
O hace frío. La gente se ríe
De mi corazón cuando estornudo
Cuando lloro o cuando respiro
Pero la verdad es que la gente
Detesta mi cara de payaso
Asustado. Y sobre todo mi bolsillo
Siempre vacío y la oscuridad
En que me muevo entre destello
Y destello

Tomar un vaso de agua es una operación

Luminosa. Es comprender de improviso
La transparencia del aire
Antes de volverse nube
Es cubrirse la cara de lágrimas
Sin renegar la sonrisa
Tomar un vaso de agua
Es vestirse de lluvia y granizo
Y levantando sólo un brazo
A la altura de los labios
Convertir el mundo entero
En un vaso de agua

Cuando el señor Pérez salió de su casa

No encontró su automóvil
Ni la ciudad en que vivía
No encontró sino vidrios
Y un deslumbrante animal
De una belleza indecible
El animal miró al señor Pérez
Y éste comprendió enseguida
Que nada de eso era cierto
Aunque la verdad es que nunca más
Abrazó a su esposa ni a sus hijos
No encontró la ciudad en que vivía
Ni su automóvil ni su casa

Excavo en mi dorado Perú

Un reino puro y encuentro
Una cuchara. Excavo más
Y sale el rey con toda su joyería
Y la reina mía enterrada
Cuya mirada me estremece
Excavo y excavo todavía
Y es mi osamenta que hallo ahora
Y el trono ensangrentado
Que allí me espera

Todo lo que sabemos de Javier

Es que tiene alas
Sabemos que cultiva una magnolia
De nombre Ilia
Y una antiquísima criatura
Llamada poesía. Sabemos que no lleva
Cascabeles ni oriflamas pero usa
Zapatos azules cuando escribe
Lo que no sabemos es
Cuánto fulgor soporta su corazón
De niño sabio y sencillo
Ni cuánto dolor esconde
En el bolsillo

Mi corazón es un gorro escarlata

Y doloroso
Que a veces llevo en la cabeza
Otras en el trasero
Tan lleno de cascabeles
Y musarañas
Que me hace sentir un payaso
Cuando no soy ni siquiera
Un hombre cualquiera

Adoro tus piernas desnudas

Adoro todo lo que nace
Y lo que muere entre ellas
Hay un manantial de aguas sagradas
En su centro de mariposa
Púrpura y templada
Que llamamos vida. Adoro
Tus muslos cuando orinas
Tus rodillas altas en el día
Y plegadas en la noche
Con olor a yerba
A tierra mojada
Y a caballo

martes, abril 11, 2006

Veo las líneas de Nazca

En la palma de mi mano veo
La cola del mono en mi cerebro
Y muchas otras líneas
Que atraviesan mi pupila
Mi corazón y mis sentidos
Y terminan en el suelo
En radiantes espirales
Como si brillaran
Como si copiaran
Las del cielo

Es posible que la sombra

Sea un animal que nos protege
Del exceso de luz. O que tal vez
La verdadera sombra
Sea un ciervo
Y que la única cosa
Que nos acompaña en la vida
Sea su sombra

Toda máquina es inútil

De nada sirve multiplicar
La mirada o retardar
La velocidad del dolor
Desde hace millones de años
No hay estrella que acelere
Su esplendor ni tortuga que desee
La rapidez del halcón
La lentitud también
Es una máquina celeste
Que se mueve entre nosotros
Y que no supera nunca
La velocidad
Del amor

Me siento ante mi mesa servida

Levanto una cuchara
Sobre mi plato que humea
Pero no es mi mano que se mueve
Ni mi pensamiento ni mi plato
Ni tampoco mi esqueleto
Sino todo el firmamento
Que resplandece en mi cuchara
Y me alimenta cada día

sábado, abril 08, 2006

Cubro tu cuerpo

Con una sábana blanca
Sobre un lecho sombrío
Y el único fulgor que veo
Debajo de ella es tu hermosura
Cubro también la luna cubro todo
Con una sábana blanca
Porque todo es para mí una estatua
Completamente desnuda
Pero escondida

Hoy quisiera hablar de mi concierto

De trapos de mi saxofón
De terciopelo azul de mi clarinete
Que sube y baja como el sol
Hasta alcanzar la divina incandescencia
Del tambor y la trompeta. Hay además
Un piano de fieltro violeta
Cuyas notas cubren la orquesta
Como la marea. Así la música
No se oye el silencio de dibuja
En la rutina y el ritmo
El ritmo el ritmo
Es siempre atroz y soberano
Como el océano

miércoles, abril 05, 2006

Nacemos desnudos completamente solos

Y ensangrentados. Lloramos
Porque sabemos que somos gusanos
Vemos crecer nuestros huesos
Y nuestros sollozos
Como si fueran maleza. Nos consideramos
Pájaros a veces a veces ceniza
Y todo eso velozmente
En un miserable minuto antes
De cerrar los ojos nuevamente
Como si nada hubiera pasado
Y regresar a la tiniebla
Y al gusano

Contemplo la basura

Y veo una rosa
Pero no una rosa en la basura
Sino la basura convertida en una rosa
Observo una rosa y veo la basura
Que alimenta su belleza
A través de su corola y sus raíces
Así la rosa y la basura
Son la misma cosa
Porque hoy día son basura
Y mañana rosa

Brillante y transparente maesetro

Fue mi mar. Nadando
En sus aguas saladas corriendo
Sus altas olas aprendí a vivir
Sobre la tierra. A comprender
Que el silencio puede ser todo
A leer en las estrellas claramente
A no confundir el agua con la espuma
Ni la espuma con la vida
Sólo nadando pero también llorando
Descubrí la sal que nos unía
Y el pescado azul de nuestro origen
Completamente solo
Con las olas

Yo que soy un payaso

Sin oficio y sin calzado
Yo que todavía
Guardo mi vieja luna
Y mis luceros de hojalata
En el armario. Yo que todavía
Me lleno de cascabeles y rocío
Que no vendo mi corazón
A ningún precio sé solamente
Que todo el cielo es mío
Porque soy un payaso
Enamorado y porque soy niño
Todavía

Si todo lo que se anuda

Se anuda solamente
Todo se vuelve nada
Si se anuda un zapato
Se anuda también el pie
Y el zapato se vuelve todo
Si no se anuda nada no hay nudo
Ni pie ni nada y en lugar de todo
Hay de nuevo un zapato cuya medida
Es un número nulo que nos anuda a la nada
Y nuevamente
Al zapato

Inmediatamente después de haber leído

Estas palabras
Cierre puertas y ventanas
No parpadee demasiado
No asuste la temblorosa
Mariposa amarilla
Posada en una silla
Tire la cadena del water
Y deje correr la vida
Como si nada hubiera pasado
Responda al teléfono enseguida
Hable de cosas tontas y sabidas
Cuelgue el teléfono otra vez
Pero considerando ahora
Que el mundo entero es sólo
Esta misteriosa mariposa ammarilla
Posada en una silla

martes, abril 04, 2006

No se trata de jugar tranquilamente

Con el pene o la vagina
Como si fueran pájaros o peces
No es suficiente penetrar
En el fondo de otro cuerpo
Con el glande o la mirada
Nuestra sangre y nuestros huesos
Son tinieblas que se juntan casualmente
Y eso es todo. Mas el amor verdadero
Es un gigante de oro
Que no tiene pene ni vagina
Y que tampoco muere

Todos los objetos del mundo

Son horribles pajarracos
Que me acechan por doquier
En forma de zapatos llantas
Platos rotos bicicletas
Botellas y teléfonos sin fin
Todos los objetos del mundo
Me devoran los dos ojos
Los intestinos las orejas
Y hasta mi soledad y mi camisa
Horrendamente convertidas
En una comida

No me es posible escribir

Sin recordar
Por lo menos tu nariz padre César
No me es posible enterrar tu perfil
En una rima y nada más. El fulgor
Que pone en marcha mi esqueleto
Y tiñe mi sangre de rojo
No viene de las estrellas
Sino de ti padre César
Tú que ayunabas noche y día
En este mundo pero te nutrías
De universo ¿cómo hiciste
Para convertir tu sollozo
En pan de todos tu desesperación
En agua pura?

Todo es París para mí

Y Roma es también Nueva York
O Lima. En todas partes respiro
Me pongo un pantalón y sonrío
En todas pates me levanto
Y me acuesto mirando las estrellas
Aunque no haya ninguna de ellas
Mi nombre es Jorge y soy el mismo
Mozalbete que leía Rimbaud
Y Mallarmé llorando como un niño
Todos mis sueños y mis heces
Son las mismas en París Roma
Nueva York o Lima

lunes, abril 03, 2006

Hay una estatua en Florencia

Que nadie conoce
Pero que me ofrece
Todo el mármol de su cuerpo
Y su sonrisa cansada
Yo la abrazo con ternura
Y ella me dice al oído
Que yo también soy la estatua
De un artista desconocido
Y además respiro

Canto la belleza de mi cafetera usada

Verdadera clepsidra
En la que mi tiempo se acaba
Gracias a ella aprendí
La amargura y el azúcar de la vida
Gracias a ella encontré
El sol posado en mi cuchara
Y todo el firmamento encendido
Por la indescriptible fragancia
De mi cafetera

Los libros que prefiero no son de papel

Sino de yerba de madera
De alabastro de misteriosas materias
Que quizás no existen
Antiguos libros de piedra
Grabados por la sangre y el sollozo
Escritos por la lluvia
Y por los siglos que ya nadie lee
Ni conoce. Pero mi libro predilecto
No es de cristal ni de hulla
Sino de carne y hueso tiene páginas
De seda como tus mejillas
Y es sagrado

Quizás el universo

Es una pompa de jabón quizás
Es solamente espuma
Una esponja siempre vacía
Y siempre llena. Quizás
Lo que llamamos luz
Es la sombra de Dios
Y lo que llamamos Dios
Somos nosotros mismos
Que también somos espuma
Pompa de jabón esponja
Siempre llena
Y siempre vacía

Apoye suavemente la cabeza

En una almohada
Sonría un minuto solamente
Imagine que no existen
El bien ni el mal
Y verá que de inmediato
Su pensamiento y su esqueleto
Se volverán de cristal

Caminando por las calles de Milán

Se ven sólo animales
Bien vestidos. Ellas parecen faisanes
Con el cuello de jirafa
Y las piernas de pantera. Ellos
Manejan un tiburón
En lugar de un automóvil
Todos se mueven con gracia
Para desgracia de todos y todos
Tienen cabellos de oro y teléfonos
De seda. Sólo lse falta la luna
Para tenerlo todo
Pero también la mirada

De pronto la conversación

Se volvió oscura
Ninguno de los dos entendió
Al otro. Desapareció el teléfono
El agua y la luz dieron origen
A un antiquísimo follaje
En el que no brillaba el sol
Ni la luna. Nuestra conversación
Llegó a ser tan oscura
Que se convirtió en un pantano
Y nosotros dos
En gusanos

domingo, abril 02, 2006

Una botella de leche es una botella

De leche y aunque la leche
De niño no es la misma
Que de viejo la botella de leche
Es la misma. No hay botella
Que no sea de leche ni leche
Que no sea en botella. O no hay botella
Pero tampoco hay leche
O solamente hay botella y la leche
No es de niño ni de viejo
Sino de una muchacha cuyo seno
Es una botella de leche
Que se toma sólo de noche
Y en el lecho

Los caballos llegaron al alba

La gente se despertó llorando
Y salió desnuda a la calle
Los caballos pasaron delante de ella
Como una llamarada
Sus divinas crines eran humo
Y su relincho centellas. La gente
Se arrodilló ante ellos
Como si hubiera visto pasar
Una estrella y les pidió clemencia
Pero ya era tarde. Todo
se había vuelto caballo
Es decir destello

No hay poesía hay solamente

Vida. Lo que pasa es que la gente
No sabe que la poesía
Es vida y sobre todo
Que la vida es poesía
Todo eso es viejo se dirá
Pero qué importa. Todo es también
Completamente nuevo
Todo es manzana cuando escribo
Y nada es banana
Si no me da la gana

sábado, abril 01, 2006

Todos los árboles y los pájaros de Celle

Saben el nombre de Giuliano
Porque Giuliano habla
Con todos los árboles y los pájaros
De Celle. De vez en cuando
Un ruiseñor visita el laberinto
De Morris otro transporta
La música azul de Melotti
En el pico amarillo. Y cada primavera
En su gran anillo verde
Richard Long celebra
Las bodas de yerba de Pina y Giuliano
Como si fuera siempre
La primera

Hay gente que no ama la gente

Porque es diferente
Porque se viste de flores
Y tiene los ojos brillantes
O porque adora un cocodrilo
En lugar de una nevera
O porque todavía alaba el sol
Cuando se eleva y se arrodilla
Cuando baja. Gente llena de amor
A la gente parecida a toda la gente
Cuando en el firmamento
No había una nevera
Sino tan sólo
Un cocodrilo

La boca verde la cara violeta

El ojo uno solo
Pero absoluto la nariz doble
Y la oreja en forma
De paloma. Grita y solloza
El pincel de Picasso
Sagrado payaso
Que se abre las venas
Por un rojo puro un amarillo vivo
Apenas salido del huevo. Todo
Por una pincelada
Que no sea otra cosa
Que una pincelada

Para vivir bien no es suficiente

Abrir el refrigerador
Y encontrar pollo asado
Y mermelada. Es necesario además
Tener hambre de liz
Y devorar una estrella
Sin tenedor ni cuchillo
Sería bueno también
En estas circunstancias
Ponerse un vestido amarillo
Y darle la mano al vecino
Que no saluda

Como toda persona educada

Me lavo al cara y los dientes
Velozmente tomo el desayuno
Con un pie en el automóvil
Y el otro en la almohada
Corro enseguida
Detrás de un resplandor
Regreso a casa
Con la cara asustada
Y un anillo de nada
En la mirada

Ya todo se hace velozmente

El rocío
Se fabrica en un minuto
La mirada ya no es necesaria
Y en su lugar
Hay una pantalla
Que todo lo sabe. Pero no importa
Todavía quedan las magnolias
Las cosas serán más graves
Cuando desaparezca el dolor
O se vuelva artificial
La soledad

Amo los astros los amaneceres

Las aguas amargas
Las anguilas y las algas
Los árboles antiguos y las alimañas
Amo los armarios y las agujas
Las habitaciones amplias y sin almohadones
Los ángeles atroces pero arrodillados
Loas amores de antes algo amarillentos
Casi siempre absurdos y aterciopelados
Y todas las palabras que empiezan por A
Aunque no digan
Ah

viernes, marzo 31, 2006

SIN TÍTULO (1994 / 1998)

Continuamos este proyecto con el poemario Sin título, fechado en Milán, 1994 / 1998. Este poemario fue publicado por la editorial Pre-textos el año 2000.
Las próximas entradas corresponderán, cada una, a los poemas de Sin título.

Por ahora, el epígrafe:

El ojo con que veo a Dios, es el
mismo con el que Dios me ve a mí.
Maestro Eckhart


jueves, marzo 30, 2006

Más poemarios y un agradecimiento

Agradecemos a los organizadores del Primer Encuentro de Poetas y Editores Sanmarquinos, quienes gentilmente nos han enviado en formato digital el poemario Noche oscura del cuerpo. Es una muestra de apoyo realmente valiosa. Respecto a este evento, que se llevará a cabo el 19, 20 y 21 de Abril, pueden visitar su blog: www.lapoesiaempiezaporcasa.blogspot.com.

Por nuestra parte, seguiremos este proyecto con los poemarios Sin título (1994 / 1998) y el mencionado Noche oscura del cuerpo (1955).

viernes, marzo 24, 2006

Reinos de Jorge Eduardo Eielson, el poemario completo

Hemos dado el primer paso en este proyecto: colocar en el ciberespacio los diecinueve poemas de Reinos.

El formato blog permite realizar este proyecto paulatinamente, lo cual nos resulta sumamente conveniente. Sin embargo, y para mayor comodidad en la lectura, también pondremos los poemarios en páginas web. En el Índice a la derecha incluiremos enlaces a los páginas de los poemarios que vayan siendo completados. Ya está disponible la página de Reinos.

En breve empezaremos a subir otro poemario. Y el nudo crece.



Sin título

jueves, marzo 23, 2006

Último reino

Aura suprema, besa mi garganta helada,
Confiéreme la gracia de la vida, dame
El suplicio de la sangre, la majestad
De la nube. Que en cada gota del diluvio
Haya tristeza, sombra y amor. ¡Oh, romped
Hervores materiales, cráteres radiosos!
El sol del caos es grato a la serpiente
Y al poeta. Las nieves que ellos funden
Caen al fondo del verano, entre aletazos
De gloriosa lava, de luciérnagas
Y cerdos fulgurantes. Nada impide ahora
Que la onda de los aires resplandezca
O que reviente el seno de la diosa
En algún negro bosque. Nada
Sino los puros aros naturales arden,
Nada sino el suave heliotropo favorece
La entrada lila de las bestias y el otoño
En el planeta. Yo quisiera que así fuera
La alta puerta que me aguarda tras el humo
De mi vida, como una grave dalia en pedestal
De piedra, o un esqueleto deslumbrado.

Príncipe del olvido

¿Soy yo, arenas giratorias, libres astros,
Firmamento hundido, el que se inclina
Y besa su rostro puro entre velos y serpientes?
Mil años dormida junto a un cráneo, un candelabro
De oro, un paño colgado, la he besado.
Sobre mi cabeza avanza su respiración,
Sus labios sordos, como un ruido de tambores.
¡Irrespirable y santo es su castigo, su osamenta!
(Aquí, en la sombra, cráter de terciopelo,
Sabiamente amueblado está el volcán, lo que es suyo
Como el fuego, salones olvidados de espantable encaje,
Sofás donde su cuerpo grita roncamente, degollado.)
Sepultura de la carne, yo os imploro,
Caballos encerrados, polvo incansable,
Un solo instante cálido, perfecto junto a ella,
Un solo instante vivos, y el olvido, la corriente
De mil años destruidos por un beso.
No importa ya su rostro a la deriva, iluminado
Y chorreante de gusanos, los diez dedos
De turquesa en que diluye las edades.
No importa ya su lámpara encendida bajo tierra,
Si antes hubo de rodearme mansamente
Con sus ojos y sus labios aún vivos,
Si antes hubo de asistir, como una sombra, a la caída
De la fruta sobre el mundo. Mansiones vítreas
Con alas de lagarto, entre las nubes,
Lagos aéreos pasan ante mí, batiendo sus cenizas.
Yo sólo sé, reina mía enterrada, gorgona inerte,
Cuál es mi silla y mi corona, cuál mi tristeza.

miércoles, marzo 22, 2006

Esposa sepultada

Encerrado en tu sombra, en tu santa sombra,
Con el agua en las rodillas, te pregunto
¿Es el peso del manzano, claveteado de estrellas,
Sobre mi corazón oscuro, o eres tú, cabeza
Fugitiva de las horas, novia mía enterrada,
La que arrastras tu cabellera incesante
Como una botella rota, por entre mi sangre?
Yo no sé, señora mía, luto de mi amor,
Si eres tú la que reinas sobre tanta ceniza,
O si es sólo tu sombra, tu velo de novia en el aire,
—Poblado de perlas, naves y calaveras—
El que inunda mi alcoba, igual que un océano.

Poesía

En mi mesa muerta, candelabros
De oro, platos vacíos, poesía
De mis dientes en ruina, poesía
De la fruta rosada y el vaso
De nadie en la alfombra. Poesía
De mi hermana difunta, amarilla,
Pintada y vacía en su silla;
Poesía del gato sin vida, el reloj
Y el ladrón en el polvo. Poesía
Del viento y la luna que pasa,
Del árbol frondoso o desnudo
Que un fópsforo cruza. Poesía
Del polvo en mi mesa de gala,
Orlada de coles, antigua y triste
Cristalería, dedos y tenedores.

Oda al invierno

El invierno es todo frutas y linternas
Olvidadas y esqueletos santos de palomas
En el bosque. El invierno besa, enamorado,
Los labios gloriosos de la vid con sus labios
De granizo, y se duerme sobre ella.
El invierno puede venir un día, blandamente,
Por el valle y, cual un fósforo en la mano,
Llevarse una vida a su ciudad como un ladrón.
El invierno enjoya al hombre tristemente,
El invierno lava tumbas de monarcas
Y mendigos, y corona el áureo y viejo otoño
Con un rayo de ceniza en la cabeza. Respedad
Al invierno, la antigüedad de sus plantas,
Su cetro de rocío en la espesura; respetad
Los rostros eternos de los árboles y el viento
En su dominio, cuando cesa todo en torno
Y él se inclina, carcomido y sonoro, como un piano
En un estanque o como un muerto en una tumba.

lunes, marzo 20, 2006

Genitales bajo el vino

Óyeme tierra, así, escribiendo así,
En la espesura de pámpanos dormido:
Mi pecho frío junto a mis intestinos
Se ha cuajado. Mis dedos alhajados
Buscan el Árbol de la Noche, clavan
Sus uñas de imprenta en los racimos
De la Vida y de la Muerte. Óyeme tierra
De grandes frutos áureos y serpientes,
Luciérnaga entre muros de papiro,
Negro universo del quinqué y el sexo,
Justicia del gusano, mal Paraíso.
Mírame tierra, así escribiendo, así
Desnudo, Adán poeta, quieto y triste,
En esqueleto, sierpe y uva convertido.

domingo, marzo 19, 2006

Soneto a un ebrio de la antigua Roma

Perdió de amor la blanda espina, la certeza
de la esposa y de la rosa en la tibieza;
no da paz al vino y con la zurda reza,
su purpúrea túnica de león tristeza.

Dárase al vino y a la guerra con altura,
dárase a gloria y a la sombra más segura,
más a la amante de letal ternura
dará desdenes y de luz la desventura.

¡Oh embeleso que de flores lo fustiga;
deleitosa alondra árdele en el pecho,
do el alma muere y nace la fatiga!

Mas nada turba aquel mortal estío
de su vida, y gusta, como en dulce lecho,
su vino soledoso entre el gentío.

Nocturno terrenal

Te he buscado, Tesoro,
he cavado en las noches profundas.
RAINER MARÍA RILKE


Amo cierta sombra y cierta luz que muy juntas, creo yo, azulan
Las casas profundas de los muertos, amo la llama
Y el cabo de la sangre, porque juntas son el mundo
Y hacen de mí un muro que separa la noche del día.

He visto los rojos campos labrados por el cielo azul,
La antigua naturaleza desflecada y húmeda
De vino, de rocío, mortalmente hecha con racimos
De amor, tal un lecho donde ardiera lo deseado,
Pero debajo de todo, siempre despierta, un agua pura
Pensando por nosotros contra un árbol de dolor.

Y las cosas cuya última luciérnaga ha volado
Con nuestro último sueño, que tienen todavía, como un templo
Majestuoso, el gran consuelo de su polvo donde nada
Ni nadie ha osado penetrar sino los muertos.
Amo todavía aquello que habla lejos, como los astros
De terciopelo, al oído del viento, aun las rosas y la luz
Y todo lo que igual a una plaga, inextinguible pero real
Transcurre entre los hombres y agita su plumaje.
Fosforescencia, día esmeralda de las tumbas,
Sólo tus ojos adivino adorados por lagartos y raíces,
Y tras de ellos casas y crepúsculos, altas montañas
Destronadas contra cielos de nieve en un soplo;
Todo bajo el musgo de sus ojos, blanco Amante,
De cuyo seno mana una leche antigua a cada fruto.
Yo amo por ello este hundido bosque, de brillantes hojas
Donde reposa, inmemorial, el Gran Sol de los Tiempos.

sábado, marzo 18, 2006

Librería enterrada

¿Qué libros son éstos, Señor, en nuestro abismo, cuyas hojas
Estrelladas pasan por el cielo y nos alumbran?
Verdes, inmemorables, en el humus se han abierto, quizás
Han acercado una oración a nuestros labios,
O han callado tan sólo en sus sombras, cual desconocidos.
Naturaleza que ora aún en ellos, a sus signos
De hierro se arrodilla, con flores en el vientre,
Por el humano que al pasar no los vio en el polvo,
No los vio en el cielo, en la humedad de sus grutas,
Y se vinieron abajo cual un bloque de los dioses.
Desde entonces sólo queda en ellos un verde velo
De armaduras, de brazos enjoyados y corceles que volvieron
A su nobleza de esqueleto entre sus hojas.
Y olmos abatidos, tunas de la guerra, gloria y rosa
Duermen también en ellos, cubiertos de invernal herrumbre.
Y sólo hasta sus viejas letras muy calladamente,
La sutil retama o el lirio de la orina acuden,
Y una mano azul que vuelve sus páginas de sodio
Entre las rocas, y avienta sus escamas a la Muerte.
¿Me permitiréis, Señor, morir entre estos libros, de cuyo seno,
Cubiertos de aroma, mana el negro aceite de la sabiduría?

jueves, marzo 16, 2006

Los jóvenes sabios en invierno

Quién sabe en qué brazo divino, alado y nocturno,
La oscura vivienda terrestre reposa,
Cuando sobre la nieve de casas dormidas, eterno,
El mágico gallo su alba sostiene, cual naipe
Dorado que asoma en la noche. Sería ceniza
De gloria la dulce bujía en las noches
De invierno, que tiende llanuras de pluma
Su negra enseñanza pisando la estufa,
Heladas veredas y casas caídas de hollín y de luna.

Y la huella del vago en la banca marmórea,
Que duerme y deslíe su lápiz de sueño en la fuente.
O la fría, también, primavera que se hunde
Con rosas y todo detrás de la luna, sus ojos,
sus dedos con fósforos abriendo otro cielo dormido.

Grises montañas que avanzan sería el reposo,
Por sobre los valles o espuma de libros,
Que jóvenes pálidos leen en desvelo, dobladas
Sus frentes de amargo cartón ante Palas,
Y la pluma, el trofeo, a un lado cual naves
Remotas, que negros hisopos alfombran de hastío.

Quién sabe qué cráneo de cera inclinado y augusto
Vacía en la azul biblioteca su grave magnolia,
O qué inteligencia de nieve ha cavado en la noche
Los astros, ventanas y pinos cuya barba es poesía
En las noches de invierno que huyen en humo y ceniza.

miércoles, marzo 15, 2006

A un ciervo otra vez herido

Desdicha es del presuroso ciervo, el cielo
A sus gloriosas astas confinado,
El aire que en fruición, lejos del suelo,
Es como fruta que el vuelo ha devorado.

Raudo descendido con azul cuidado,
En tan amable invierno, blando herido,
De sangre y yerba y polvo coronado,
Su cuello palpitante es el zumbido.

¿Quién la miel de sus párpados supiera,
Ciervo, sobre sus turbios ojos, así herido
En medio del bosque, cual si fuera

Otro oscuro ciervo de sí mismo desprendido?
¡Oh níveos pámpanos, oh vida, oh hermosura,
Ya todo un ciervo que se muere de blancura!

El cielo

Éste que veo, cielo, y no otro, lleno de ciervos,
De arrebolados astros, de mármoles y vino,
Cuyas astas son todo lo que hay como una luz dorada.
¡Oh la gran llama azul del cielo y de la gracia
Y la noche que se agita de ciervos y mi alma!
Yo desconozco mayor ventura que este cielo
Donde duermen mis amores entre el fuego
Y la nieve de los astros, pastores de la luna;
Yo no sé nada que en las antiguas grutas
De la tierra su lozanía sonora haya turbado.
Sí, el cielo, el cielo sobre todo, que no huya
Jamás de mi vista: ¡ah, níveo viento!
Bajado de los ángeles a mi rubor, eterno,
Que no otro adoro por sus gradas puras
De perfume más sutil que desciende hasta el nublado
Corazón del árbol de la púrpura y la especie.
Sí, el cielo, éste que veo eterno y real y no otro,
Poblado por la mano de fuego de los dioses
Y ya sereno, templado, celeste y amable
Como un dulce rey palideciendo entre las nubes.
¡Oh el bello cielo sobre todo, oh ventura!
Extiéndeme tu rostro -así- tu barba labrada en el viento
Y llévame a ese cielo que me mira sin reposo,
A ese cielo de ciervos donde vive lo soñado.

Piano de otro mundo

Recuerdo a mi hermano muerto

Abrieras, joven, criptas de estío, soledoso,
Alas de panteón aquí posadas, ojo de buitre,
Ojo normando que me miras, tristemente,
Viendo que me estás amando, ojo, ojo, ojo,
Ojo de bosque ¿qué buscas en mis ojos -te diría-
Joven soledoso, permanente y puro?
(Firme linterna el muro parte y sierpes
Del cielo allí encerrado, y dentelladas
De brumosa flora abren tu yelmo o sumen
Tu calavera en mí, a golpes tristes, duros.)
¿No es esto puro, siniestro helecho, ogro dorado?
¿No es esto claro, ciénaga negra, sereno cielo?
No hay nadie vivo ni yo respiro -te diría-
Mis manos buscan un rostro, una alegría.

Poesía de la casa entre los pinos

Habitaciones dolientes de esta casa mía entre los pinos
Cuyas puertas se abren con sed a las estrellas
Hay en ellas una madre y una esposa suave
Cuya permanencia en el polvo es como un viejo
Plato de frijoles, una nube o una fruta antigua.
Oscuras personas, tíos, parientes que duermen
Para siempre, vigilan en la noche con su chispa azul
En el semblante. A su acera humilde,
A sus umbríos muebles, que una ola de nieve ha deslumbrado,
cuán tarde he de llegar hoy día,
cuán tarde he de morir, con mi vestido augusto,
Cuando ella ya esté hundida y sus palomas
De pobreza hayan volado hacia una negra calle.
Muerto entre pinos, veré nacer el sol debajo de ella.
Corrientes de yedra ¿es éste vuestro río agonizante,
Como un caballo frío, ávido de albergue, ante mis pies,
Y es esta casa mía sin cocina, con su luna plebe, la elegida?
Señor de las cenizas ¿eres tú el que golpea desvelado?
¿No sabes también que esta casa hizo suyos el establo,
El jardín y los astros lejanos? Entablados astros,
Muros, techos fantasmas de los que dormidas aves
Penden dulcemente, sin memoria, como restos
De una antigua caza. Y rotas chimeneas, caños
Abiertos en la noche, tapicería hundiéndose al igual
Que un buque de cuero en un océano tibio,
Tienen en esta inmensa casa de tablas el rumor
De una botella de leche rodando sin cesar hacia la muerte.
Yo he venido tan sólo a conocer sus desolados muros
Y a morir en ellos, sin sombrero y dorado como el día.

martes, marzo 14, 2006

La tumba de Ravel

Fantasma que estás en el harpa y la yedra,
En bajorrelieves de música o torre, dormido,
Hiciste tu tumba en un piano, fantasma.
Entre cuerdas doradas el fauno sonoro
Te sopla los ojos en globo a la luna,
Y en peldaños que bajan cargados de abismo
Al fondo del piano, de augusta polilla
Rodeada, tu cabeza de címbalo se oye.
Nadie sabe quién es el caballo que a diario
Solloza en tu lápida oscura o entreabre
Los dedos marmóreos del nicho en la sombra.
Fantasma mío, en tu espalda ha caído
La mosca mortuoria con alas de vidrio.
Pastor subterráneo del sol, ya silbando,
O en filones de yedra, de bronce y madera
Sentado, hiciste tu tumba en un piano, fantasma.

Reina de cenizas

Violo tus exequias, amada, difunta mía,
Párpados de lys, corona de doradas cucarachas,
Donde el reptil amargo y verde sueña.
Consuélame en mi trono de sangre, amada,
Donde a solas, rodeado de antorchas, me he dormido
Y no he escuchado tus heraldos,
Con fuego en la gorguera, cantar tu santa muerte.
Consuélame Reina, consuélame tremenda,
Yo soy el Rey en su torre y tú eres media luna alada,
Ceniza que gobierna, ataúd abierto y profanado.
¡Oh señora mía, luto de mi amor!
¿Qué antigua dicha, bajo tu enjoyado seno,
Bajo la imperial ceniza, alumbra?
Cae el terciopelo de tus fulgurantes clavículas,
La Muerte llega a tus pies,
Junto a mi yelmo, mi cráneo, mi esqueleto arrodillado
Ante las escamas negras del Infierno.

La muerte del organista mayor

Escucho su muerte resonante ¡oh mortales!
Como glauca música, y mi respeto es mudo
Y oscuro como la oruga ante el sol reluciente:
Yo soy el desdichado aceite que recoge su reflejo
En una grieta de la tierra.
Acudid, plateados prados, venturas, contentos,
Días de entera llama por él incendiados.
¿No hay quién lo rescate a las altas sierpes
De tornasol que braman en sus oídos,
Y más y más lo enroscan y le ahogan el alma
En una negra oración?
Veo la metálica sombra de David a su espalda
Con sus lumbares frutos
En los dedos melodiosos y eternos
El organista besa el nogal del clavijero
Saborea una última nota en la sombra
¡Ah muerte, dorado regocijo, sonoridad y silencio,
Cuán tiernos y heroicos pulmones
Sobre el letal teclado acoge!
Recitad lejanos valles y montañas, callados insectos,
En la alta noche del organista
Himnos y alabanzas inaudibles.

Parque para un hombre dormido

Cerebro de la noche, ojo dorado
De cascabel que tiemblas en el pino, escuchad:
Yo soy el que llora y escribe en el invierno.

Palomas y níveas gradas húndense en mi memoria,
Y ante mi cabeza de sangre pensando
Moradas de piedra abren sus plumas, estremecidas.
Aun caído, entre begonias de hielo, muevo
El hacha de la lluvia y blandos frutos
Y hojas desveladas hiélanse a mi golpe.
Amo mi cráneo como a un balcón
Doblado sobre un negro precipicio del Señor.

Labro los astros a mi lado ¡oh noche!
Y en la mesa de las tierras el poema
Que rueda entre los muertos y , encendido, los corona
Pues por todo va mi sombra tal la gloria
De hueso, cera y humus que me postra, majestuoso,
Sobre el bello césped, en los dioses abrasado.

Amo así este cráneo en su ceniza, como al mundo
En cuyos fríos parques la eternidad es el mismo
Hombre de mármol que vela en una estatua
O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba.

Reino primero

Sobre los puros valles, eléctricos sotos,
Tras las ciudades que un ángel diluye
En el cielo, cargado de heces sombrías y santas,
El joven oscuro defiende a la joven.
Contemplan allí el verde, arcaico Señor
De los cedros, reinar furtivo en sus telas,
Guiar la nube esmeralda y sonora del mar
Por el bosque, o besar los abetos de Dios,
Orinados por los ángeles la luna y las estrellas:
Manzanas de amor en la yedra de muerte
Ve el joven, solemnes y áureos cubiertos
En la fronda maldita, que un ciervo de vidrio estremece.
La joven, que nada es ya en el polvo sombrío,
Sino un cielo puro y lejano, recuerda su tumba,
Llueve e irrumpe en los brazos del joven
En un rayo muy suave de santa o paloma.

viernes, marzo 10, 2006

REINOS

Iniciamos la recopilación de la Poesía escrita de Jorge Eduardo Eielson con su poemario Reinos, fechado en Lima, 1944. Cada una de las próximas entradas corresponderá a uno de los diecinueve poemas de Reinos. Una precisión: nos remitiremos a la última versión de Reinos, que apareció en Poesía escrita, publicada por Grupo Editorial Norma en 1998.

Por ahora, el epígrafe:

          En el invierno son las lágrimas
          del hombre más altas y sonoras.





Autorretrato definitivo

Un pequeño y emotivo tributo a Eielson

Poesía en forma de pájaro es uno de los poemas más conocidos de Jorge Eduardo Eielson y es también el nombre de una iniciativa para rendirle un pequeño tributo. Nos unimos a esta sentida forma de dar un adiós al maestro. Si deseas conocer más sobre esta iniciativa y sus repercusiones en la blogósfera, puedes hacerlo aquí.


Iniciativa del blog http://www.poesiaenformadepajaro.blogspot.com

Nuevos nudos

El nudo se deshizo. Jorge Eduardo Eielson falleció el 8 de Marzo de 2006.

Empezamos un nuevo nudo: Este blog que está dedicado a la obra de Jorge Eduardo Eielson. En especial a su Poesía escrita.

Hay nudos que nunca se desatarán. Entre ellos, nuestra devota admiración.

Hasta siempre, maestro.



Autorretrato mediterráneo